Hace 10 años que Catalina Rautenberg desarrolla sus colecciones, y nos deja sin aliento.

El 25 de junio de este año presentó en el Hipódromo de Palermo una recopilación de sus mejores piezas.

cata

Fiel a su estilo, planteó un escenario diferente, estructurado de una manera distinta. Cambió el habitual formato de desfile por uno nuevo, que consistió en una exposición de sus vestidos. Estos descansaban sobre ruinosos maniquíes, agrupados en  secciones. Cada división estaba  simplemente demarcada por las luces. Ello generó una espontánea interacción entre el público y las prendas. A través de los pasillos, las modelos se desplazaban como maniquíes vivientes. Una representación perfecta de que el tiempo pasa, pero la obra prevalece.

Cata es una artista de la reconstrucción. Revalorando antiguas piezas realizadas a mano, rescata la tradición del trabajo bien hecho. Un simple concepto, elemento o color pueden inspirarla a desarrollar una nueva temática, cada temporada. Valiéndose de una riqueza interior única, reafirma sus raíces a través de un relato que logra conmovernos.

Todo lo que ella genera, lo consigue con pasión. Sus manos son las que les dan vida a cada uno de sus vestidos y los dotan de un valor singular, difícil de encontrar. Además de diseño, Catalina ofrece  confección y trabajo artesanal.

Dos mundos en una sola persona. De ascendencia comechingona y alemana, sabe compartir intuitivamente impulso y entusiasmo. Tiene la capacidad de desarrollar prendas delicadas con finas telas antiguas, traídas de Europa.

La idea rectora en los diseños de Cata es la fusión de los habitantes originarios de nuestra tierra con los inmigrantes europeos. Ello se expresa a través de la amalgama creativa que plasma en todas sus colecciones, donde deja ver el “salvaje modernismo”: expresión con la que Catalina resume su trabajo y reúne ambos mundos opuestos.

Nada es dejado al azar en el universo de la Casa Rautenberg. Su impronta queda marcada en cada vestido. Una impronta que se sumerge en los sentimientos. Y cala hondo.

Luego de varios años de verla trabajar con un amor profundo por lo que hace, puedo decir que es un honor vestir una pieza con su nombre.

Un cálido abrazo de devoción hacia sus clientas.

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